
OH! que increíble esto de existir, hay una rica sensación en mi cuerpo que no sé si será energía o quizás presiento que viene algo distinto; No me refiero a hechos, pero si a metamorfosis, tal vez dentro de lo más profundo de mis formas de experimentar, de sentir o a lo mejor de vivir en si. Suelo advertir un desenfrenado entusiasmo por realizar cosas distintas o estar en contextos de los que jamás nunca imaginé desear recorrer, creo que muchas de las mil ventanas se abren al paso de mis andanzas e indudablemente todo el mal y el dolor aunque sin desaparecer, parecen más simples. Suena envidiable el tono de estas palabras, pero en ningún caso es un estado anímico pasajero, como para decir o inferir que esta persona, o sea yo, está feliz, pues muy por el contrario, afirmo irrefutablemente que hay un clima de tranquilidad y claridad que brota de una pequeña semilla en medio de mí, algo así como lo que denominan “madurez” en las mentes también llamadas “sabias”. Aún así en mi reboso de paz efímera, que con esperanza anhelo que dure un poco más, suelo cuestionarme demasiados asuntos, hechos, capítulos, experiencias, sentimientos, gente, vida, etc. Todo en mi entorno está girando exageradamente rápido, la tranquilidad sigue adentro, pero afuera es una cosa de locos, inclusive esta mente mía ya está incontrolable. Nunca sabré adelantarme a ella, está tan pero tan impredecible que me ha sorprendido en variadas ocasiones. Puede ser que hay algo en el aire que ha cambiado, o a lo mejor es la primavera, quién sabe, pero no quiero detenerme ahora, no lo creería de mi, nesecitaba tanto estas corrientes de buen augurio, me estaba cansando de lo espeso del viejo ambiente y de la rutina de los pasajes de antaño, quiero cambiar y cambiar el todo, mi convicción y todo lo que hago cierto con sólo desearlo están dando raíces en mis mejores tierras, aquellas que se hacen fértiles cuando llueve verdad…