
Un espectro azul ha posado hoy en mi ventana, sutil, frágil, inesperado, suave, sabía a mañana remojada en neblina. Tomaba forma de ave, con plumajes dorados, un realce del águila imponente de la montaña, hasta un polluelo indefenso. Pasaba a hablar de lo intenso, de lo amargo de su vuelo prometido, de lo difícil que es cantar para las lluvias y danzar hacia el sol. El viaje fue duro, pero el ave fantasmal encuentra su tesoro cuando rompe el sosiego, cuando ya ha guardado kilómetros de vía por los cielos y muchas heridas en el cuerpo. El corazón de mi ave visionaria es como el huevo que se acurruca en la rama, vulnerable, indefendible al depredador y a la eterna caída al vacío. El espíritu del libre volátil es cálido como cuando el candor de las alas maternas se arriman compenetradas. Vino a susurrarme con la certidumbre a su favor, al oído sentí su calor, que por donde anduvo ha traído consigo un pasaje de historias de amor, hoy me ha confesado que se rebosa en nuevos aires y la fuerza ha rejuvenecido en su alma, que el amor encontrado en sus cielos ha podido pintar nuevamente la imagen de la vida, ha sabido devolverle la sonrisa, que hasta el paisaje se torna más verde con el paso de su despegue. Ave mía, ave armoniosa, los espacios serán más nítidos contigo en mi piel, sé el reflejo de lo vivo, se el ángel que habite y llene de luces la próxima tierra, impregna tu alegría plena, déjame convertirme en tu impulso, porque quiero escribir esta historia sencillamente haciéndola propia.
.